La Nacion

Dos máquinas de jugar

jueves 3 de julio, 3:00 AM

LONDRES.- Para Roger Federer (1°) no existen viejos fantasmas ni Rafael Nadal (2°) se intimida con forzudos de última hora. Los dominadores del circuito, las dos grandes figuras de la actualidad del tenis, se abrieron paso a las semifinales de manera avasallante, incontenible. Ambos ganaron en tres sets y sin ceder nunca el servicio. Dos máquinas de jugar que no se oxidan ni con la lluvia que obligó a la primera interrupción extensa (dos horas y seis minutos) en nueve días de competencia.

Por los cuartos de final, Federer venció 6-1, 7-5 y 6-4 al croata Mario Ancic, el último que lo superó sobre la hierba del All England, por la primera rueda de 2002. Para el suizo, eso representa un dato del pleistoceno que no tiene ninguna influencia psicológica en su presente. Al quíntuple campeón y defensor del título, que ayer encadenó el 40° éxito consecutivo en Wimbledon (son 65 sobre pasto si se suman las cinco coronas en Halle), el único nombre que le da vueltas en la cabeza es el de Nadal.

Justamente, el español desactivó la euforia que los ingleses tenían con el escocés Andy Murray (12°), que con su victoria en cinco sets sobre el francés Gasquet había encendido el orgullo británico. Además, Murray había hecho alarde de guapeza. Todos los medios de comunicación locales lo retrataron exhibiendo su bíceps derecho, con el gesto fiero, a lo Popeye. Enseguida surgieron las invocaciones a "braveheart" (corazón valiente) o Mr. Músculo. Ayer, en la cancha central, fue un peso pluma, enflaquecido, sin respuestas en los momentos importantes, dándole la razón a los que dicen que, a sus 21 años, todavía le faltan algunos Wimbledon para que sea concreta la posibilidad de que un británico vuelva a conquistar el Grand Slam más antiguo, algo que no sucede desde 1936, con Fred Perry. Cuando Nadal le descubrió las primeras debilidades, el partido se desequilibró y ya no tuvo más retorno: 6-3, 6-2 y 6-4.

Vayamos por orden de aparición en esta jornada que empezó nubosa y con lluvia, y terminó soleada y un tanto fresca. Las precipitaciones obligaron a retrasar 45 minutos el comienzo del encuentro de Federer. Con el vía libre, el suizo desplegó su artillería: 6-1 y 1-1 en 27 minutos, cuando la lluvia determinó otra pausa que superó las dos horas. Con la reanudación, el encuentro se hizo más parejo. Hasta Boris Becker y Tim Henman, comentaristas en la televisión, se animaron a decir que había "otro Federer", menos imponente, como si la interrupción por causas meteorológicas lo hubiera frenado. Lo paradójico es que, cuando se habla de un Federer menos implacable, eso sólo posibilita que el encuentro tenga algún viso de paridad. No significa que el desarrollo se le escape de las manos. Al menos frente a rivales del segundo pelotón y por más que Ancic se cuelgue la medalla de haber sido el último que lo derrotó aquí. El equilibrio del segundo set llegó hasta el 5-5; allí, Federer le quebró el saque y conservó el suyo para el 7-5. Después están los detalles que son descriptivos de la diferencia de categoría entre un jugador y otro. Cuando Ancic, un tallo de 1,95 metro, cedió su servicio, lo hizo con una doble falta. Cuando Federer debió cerrar el capítulo, lo consiguió con un ace. En el tercer capítulo, Federer volvió a hacer su trabajo con la eficacia acostumbrada: se impuso sobre el saque de Ancic en el 3 a 2 y ya nada lo apartó de la senda al triunfo.

A Federer se lo disfruta en la cancha, y aquí lo hace un público que lo venera, pero también su rendimiento le da lugar a planillas a las que habría que ponerles un marco, aunque se trate sólo de números. Por ejemplo, sus porcentajes sobre Ancic apabullan: hizo 15 aces (en su saque está buena parte de la explicación de sus éxitos) y no cometió ninguna doble falta. Sólo acumuló seis errores no forzados. Con su primer servicio ganó 43 de 49 puntos (88 por ciento). Y el segundo está lejos de ser apenas un golpe para asegurar que el punto se juegue (obtuvo 18 de 22, el 82 por ciento). Para más información, el tanto con el que selló la victoria fue un ace con el segundo servicio.

Cuando las sombras ya habían ganado un tercio de la cancha del court central, Nadal ingresó para hacer su impecable trabajo. El español tampoco dejó flancos descubiertos. Su servicio funcionó en plenitud (nunca estuvo en situación de break point en contra) y sus golpes de fondo de cancha se hicieron demasiado pesados para Murray, que, de todas maneras, en el comienzo le aguantó la pulseada. Pero el escocés quedó retratado cuando resignó por primera vez el servicio: primero se equivocó en un toque, después no supo aprovechar dos flojas devoluciones de Nadal y remató su desconcierto con un smash que le había quedado en bandeja y lo tiró varios metros afuera. ¿Sucumbió a la presión? Dejó toda esa sensación. Fue la hendija que necesitó Nadal para encaminarse a una cómoda victoria. El público se enfrió tanto como lo estaba Murray. Sólo le quedó despedir al español con un respetuoso aplauso.

Por Claudio Mauri
Enviado especial

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