La Nacion

Kirchner reconstruye poder pero pierde consenso

viernes 6 de noviembre, 3:26 PM

El gobernador de la provincia de Buenos Aires ha planteado públicamente que Néstor Kirchner debe reasumir la presidencia del Partido Justicialista (PJ), a la que renunció cuatro meses atrás, inmediatamente después de la derrota electoral del 28 de junio.

Su afirmación puede estar anticipando una decisión. Es que Daniel Scioli no sólo es una figura prominente del oficialismo, sino porque es quien quedó a cargo del partido, aunque en los hechos no haya ejercido ese poder por las resistencias que generó inicialmente. Además, en los últimos meses se ha caracterizado por seguir estrechamente la línea política impuesta el ex presidente.

La renuncia fue motivada porque sobre el impacto de la derrota, con realismo, Kirchner temió que se propagara en el peronismo el reclamo de que dejara el cargo que simbolizaba su poder, dado que la influencia que ejerce sobre el Ejecutivo a través de su esposa no tiene una entidad formal.

Probablemente fue un buen recurso táctico, que le permitió replegarse, reagrupar fuerzas y contraatacar con éxito, tal como lo hizo frente a las cuatro derrotas políticas que ha sufrido en la política nacional: con el caso Blumberg en 2004, con monseñor Joaquín Piña en 2006, con el campo en 2008 y en las elecciones de 2009.

En estas cuatro oportunidades, al poco tiempo logró reconstruir su poder.

La reforma política fue lanzada con un objetivo concreto: dar credibilidad a la posibilidad de la candidatura del ex Presidente para 2011. Así, reasumiría la titularidad del partido, cuando dicha iniciativa busca consolidar el bipartidismo, y dar al PJ y la UCR el cuasi monopolio de la representación política, pasa a ser relevante.

En las semanas posteriores a las elecciones, el ex presidente no sólo renunció al PJ, sino que realizó un giro político e hizo de los movimientos sociales (piqueteros y organizaciones de derechos humanos), su nueva base de sustentación, lo que constituyó una nueva transversalidad.

Subyacía en esta idea política la premisa de que los intendentes del Gran Buenos Aires y los sindicalistas, habían sido la causa de la derrota oficialista al no haberse comprometido efectivamente y haber traicionado así al oficialismo.

La eficacia con la cual Kirchner logró mantener la mayoría parlamentaria en el período que finaliza el próximo 10 de diciembre, cuando entra en funciones el nuevo Congreso, lo llevó revalorizar la utilidad que sigue teniendo el PJ.

Kirchner parece así moverse políticamente sobre dos ejes. Por un lado la alianza que le permite mantener bajo un relativo control la calle cada vez más convulsionada por la protesta social, representada por el acercamiento del Hugo Moyano, la figura más representativa del sindicalismo peronista, y los líderes piqueteros oficialistas, como Luis D?Elía. Por otro, el PJ al cual tiene la intención de retornar, reasumiendo su Presidencia.

La alianza para controlar la calle resta votos. Con ella no se puede hacer una campaña electoral, ni tampoco ganar una interna abierta. Para ello, se hace necesario nuevamente el PJ.

No puede negarse a Néstor Kirchner voluntad política y habilidad táctica para reconstruir poder, tal como ocurrió también el año pasado después de la derrota frente al campo.

Pero así como entonces, dicha reconstrucción se da a costa de continuar perdiendo consenso. Los sondeos siguen mostrando que Cristina Kirchner es el presidente de la región con la imagen más desfavorable y el rechazo a su marido ha crecido más de 20 puntos desde la derrota electoral. Las elecciones locales (Santa Fe, Corrientes y Salta) han confirmado que el 28 de junio no fue un accidente.

La estrategia de reconstruir poder a costa de perder consenso, ya fue probada el año pasado y no funcionó.

El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

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