viernes 27 de junio, 3:00 AM
Ante las poco convincentes actuaciones de los pivotes Juan Gutiérrez y Leonardo Mainoldi durante la gira previa del seleccionado nacional que disputará el Sudamericano de Puerto Montt, desde el 1° del mes venidero, el técnico Sergio Hernández señaló: "Estoy pensando en hacer nuevas incorporaciones". No hace falta ser muy perspicaz para suponer que sólo hay -o había, después de lo que sucedió ayer- dos nombres posibles para reforzar la zona pintada del plantel olímpico que comenzará a trabajar el viernes próximo en Rosario: Rubén Wolkowyski y Gabriel Fernández, ambos ausentes en la primera nómina, pero emblemáticos dentro de la Generación Dorada. Especialmente el chaqueño, que probablemente mantenga de por vida el orgullo de ser el jugador que más veces vistió la casaca nacional. Lo hizo desde 1990 en juveniles y, además de ser el único con cuatro mundiales, iba a convertirse en el primer basquetbolista argentino con tres Juegos Olímpicos.
Germán Vaccaro, director del programa de selecciones de la CABB, confesó hace unos días: "El Colo me tiene loco, me llama día por medio, tiene una ganas terribles de ir. Le dije que aguantara un poco más". Había casi una sigilosa operación montada en favor de "la vuelta de Wolkowyski a la selección".
Lo lamentable es que justo el más interesado no lo sabía. El pivote no soportó más la incertidumbre y en su regreso al país le tiró kilos de tierra encima al técnico (ver página 10). Y lo responsabilizó de haber realizado "una desastrosa preparación para el Mundial 2006", por ejemplo.
Difícil es comprobar si los dichos están teñidos por la sangre de sus heridas o si eran puñales clavados que pensaba canjear por Pekín. En estas páginas se dijo que la selección pudo tener mejor suerte en Japón "con una vuelta más de rosca en la preparación". No había sido parecida a aquellas "fajinas pseudo-militares" de las épocas de Rubén Magnano. Pero la ilusión era que la experiencia de tantas estrellas de la NBA cotizara más alto que las gotas de sudor en el gimnasio.
En su despecho, en su dolor, probablamente el Colo haya levantado un velo secreto y dejado al descubierto algunas verdades que pueden ser bienvenidas a una semana del comienzo del duro trabajo que significará defender la medalla dorada. Nadie las respaldará ni avalará, sus frases serán incomprobables y rechazadas por todos, pero seguramente llegarán a Pekín y jugarán en favor de la Argentina, quizá como un pivote, en lugar de Wolkowyski.
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