martes 1 de julio, 3:00 AM
Cuando en 2001 fue campeón de la Euroliga con Kinder Bologna, y para muchos compatriotas era un ilustre desconocido, Manu Ginóbili se trepó a la mesa de control y empezó la revolear con desenfreno una bandera celeste y blanca, mientras una multitud lo aclamaba desde abajo. Después la depositó sobre sus hombros y recibió el premio al mejor jugador de Europa.
Es su identidad, es su patente, es su origen y quiere mostrárselo al mundo. Por eso, cada vez que conquistó el título de la NBA buscó desesperadamente entre la multitud a su esposa Many para que le alcanzara "su" bandera, esa que ella atesora durante todos los partidos y que le entrega a la hora de los festejos. Es una cábala. Es un símbolo. Es su orgullo.
"No sé si portando la bandera voy a poder sacar fotos y filmar durante el desfile", dijo con una sonrisa enorme cuando le preguntaron si le gustaría ser el abanderado. Más que eso, le gusta ser argentino.
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