sábado 7 de noviembre, 11:40 AM
Por Jonathon Burch
CHAHAR BAGH, Afganistán (Reuters) - La misión era sumamente sencilla.
Unos 20 soldados estadounidenses debían patrullar el lecho del río por la noche, acampar hasta la mañana y dar apoyo a las tropas locales y sus entrenadores canadienses en una operación de limpieza del pueblo Chahar Bagh, un bastión insurgente en las afueras de la ciudad de Kandahar, en Afganistán.
Menos de 12 horas más tarde, siete de los soldados y su intérprete afgano estaban muertos, producto de una enorme bomba enterrada bajo las piedras del lecho fluvial seco.
El ataque ilustra cómo la estrategia militar estadounidense de adentrarse en bastiones de talibanes corre el riesgo de aumentar el número de bajas, mientras el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, evalúa si enviar o no miles de soldados más a Afganistán.
Una operación inicial se había desarrollado sin incidentes hace unas semanas. Unos 200 soldados afganos y sus entrenadores canadienses se adentraron en la aldea de casas de barro rodeadas por exuberantes huertos. Un puñado de hombres fueron arrestados para ser interrogados.
Los soldados estadounidenses no fueron necesarios en aquella ocasión.
"¿Sobre qué vas a escribir? Esta es una misión aburridísima", bromeó un soldado del primer pelotón con un reportero, mientras el sol salía por detrás del peñasco de una montaña que se elevaba sobre la aldea.
Los soldados -pequeños grupos de tres pelotones de la Compañía Charlie y pertenecientes a la Brigada de Asalto - habían salido de su base alrededor de la medianoche. No lejos de la aldea Chahar Bagh, se bajaron de su vehículo de asalto Stryker y continuaron a pie.
Apostándose en el lecho del río junto a la aldea, los soldados permanecieron en guardia y esperaron. Cuando el sol salió al otro lado del valle, bromeaban entre sí y hablaban sobre la vida en sus países de origen.
Para media mañana, la operación había concluido. Tres Strykers pasaron estruendosamente junto a hombres del segundo pelotón que esperaban río abajo para llevarlos de regreso a la base.
ATAQUE DESDE LA ALDEA
Cuando los vehículos regresaban con los soldados abordo, una enorme explosión lanzó rocas y arena por los aires. El primer Stryker había chocado con un dispositivo explosivo improvisado (IED por sus siglas en inglés), volcando al vehículo de 20 toneladas.
La gruesa placa blindada debajo del Stryker atravesó el piso y techo del vehículo. Había pedazos de metal y escombros por entre los restos.
Minutos antes, los soldados del primer pelotón habían salido a pie, pasando justo por encima del lugar de la explosión para encontrarse con sus propios vehículos que los aguardaban. Cuando se subían a los autos, a menos de 400 metros de distancia, ocurrió la explosión.
"Demonios, ¡Súbanse! ¡Súbanse!", gritó el sargento del primer pelotón Kelekolio Paresa, dirigiéndose a los soldados y reporteros que los acompañaban.
"¡Tengo, tengo a siete KIA (caído en acción, por sus siglas en inglés) y a un intérprete KIA!", decía una voz quebrada por radio.
"¡Demonios, tenemos que regresar y ayudar!", gritó Paresa.
Los Stryker del primer pelotón dieron la vuelta y regresaron a toda velocidad. Cuando llegaron a la escena empezaron los disparos. Los insurgentes, que estaban a la espera, disparaban a los vehículos de asalto desde los huertos junto a la aldea.
Segundos más tarde, el ensordecedor sonido de los disparos estalló por los aires cuando los Stryker devolvieron los disparos. Dentro del vehículo llovían vainas vacías de proyectiles, rebotando sobre el suelo.
"¡Abran la rampa!", gritó Paresa.
Los soldados salieron del Stryker, disparando una descarga de balas y granadas al lugar de donde provenía el ataque.
Dos helicópteros Kiowa que volaban en círculos lanzaron cohetes a los huertos. Los rebeldes dejaron de disparar.
"¡Alto el fuego!" grito Paresa.
"¡Necesito siete camillas!", gritó un soldado junto al Stryker volcado.
Siete soldados y su intérprete afganos murieron al instante. Sus cuerpos, desmembrados en la explosión, yacían desparramados. Los soldados levantaron a los muertos sobre las camillas para ser recogidos por un helicóptero. Sólo el conductor sobrevivió.
"Gracias a Dios íbamos a pie. Pasamos exactamente por sobre ese IED. ¡Dos veces! Ese detonador estaba esperando al Stryker", declaró Paresa más tarde.
Los hombres del primer pelotón habían caminado por el sitio de la bomba y acampado a menos de 50 metros de distancia.
Un cable de detonación, usado para activar la bomba, fue rastreado hasta unos 100 metros del lugar detrás de una baja pared de piedra. Posiblemente uno de los insurgentes había estado esperando detrás de la pared hasta que un Stryker pasara para detonar la bomba, según los soldados.
BAJAS EN TROPAS DE ASALTO
Los militares estimaron que el explosivo pesaba entre 600 y 900 kilogramos. Fue el mayor IED que cualquiera de los soldados había visto, en Irak o Afganistán.
La brigada de asalto fue desplegada en Afganistán en julio como parte de una campaña militar ordenada por Obama para sofocar el fortalecimiento de la insurgencia. En los últimos meses, los Stryker han estado tratando de despejar las aldeas de insurgentes, que según afirman son usadas como plataformas para perpetrar ataques dentro de la ciudad de Kandahar.
Los militantes, previendo el arribo de los soldados, han colocado docenas de bombas en su camino. Los (integrantes del pelotón de) Stryker han sufrido un alto índice de bajas.
En total, la brigada ha perdido a más de 30 soldados, 20 de los cuales pertenecían al primer batallón y 10 a la compañía Charlie. Más de 40 han resultado heridos. Los IED, el arma elegida por los rebeldes talibanes, han causado la muerte de casi 240 soldados extranjeros sólo este año.
"Ese era mi mejor amigo. Estuvimos juntos durante dos años. Recién lo había saludado", dijo el especialista Nicholas Saucier, hablando sobre una de las bajas.
"¡Estoy harto de esta porquería! Mueren tipos todas las semanas", afirmó, mientras le caían las lágrimas cuando miraba los restos del vehículo.
Otros soldados adoptaban una posición más filosófica.
"Estos muchachos son geniales. Incluso después de todo esto, después de recoger las partes de sus amigos muertos, siguen luchando. Reunieron todas sus fuerzas y en unos pocos días estuvieron de vuelta en acción haciendo lo que tienen que hacer", dijo el sargento Jason Hughes.
(Editado en español por Marion Giraldo)
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